Esta historia nuestra era envidiada por muchos. Solían decir que era una perfecta combinación entre amistad y algo más, no se sabe muy bien el qué. Solíamos ser la broma del día, el anécdota de la semana. Pero entonces decidiste que era el momento de pasar de ser algo de lo que hablar a no ser nada más que unos cuanto comentarios y un par de miradas de pena. Me gustaría poder darte unos cuantos abrazos antes de entrar a clase, quedar para vernos 5 minutos y sin quererlo, pasar las noches enteras charlando sobre de que color eran tus pantalones y de si yo llevaba botas. No pretendo ser ni la mejor opción ni la más fácil, pero chico, me tienes donde quieres y cuando quieres pero tu decides que sea una más, lo haces, puede que sin darte cuenta pero lo haces. Y entonces decido hablarte a ratos sin miradas que lo dicen todo y sin abrazos eternos antes de irme. Y así acaba todo, o puede que empiece, sinceramente ni yo lo sé.

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